Believe... believe.... believe. (eso es lo que escucho en este minuto; un fragmento de Last Flowers de esa desconocida maravilla de Radiohead)
Y pienso en el invierno. En ese invierno que lleva un par de días, pero meses conmigo. Un invierno que no es anulación; si no espera. un invierno que es a ratos agradable; un invierno que es sueño. Sueño, como todo, algo alcanzable con los ojos cerrados; con una prueba de fé, con un salto al vacío.
Con un salto que no se concreta, con un salto que es pura negación y negación pura. Con un caleidoscopio de sombras que juegan a ser pájaros y se llevan a la primavera hasta Abril, hasta ese fatídico 21 de mayo. Hasta el telegrama de Prats, hasta ése único café olvidado sobre una mesa. Prats Prats Prats. (siempre me cayó mal Prats). Vamos por una noche más con-tigo-sin tí; un espejismo más hundiendose en la arena, una sombra que se desvanece al acercarme... como siempre, es tu propia naturaleza, quizás.
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