Naranjo.

Acto 1:
Todo partió cuando miró sus manos esa mañana. Decidió romper con la monotonía color carne-lineablanca-cansada de todos los días y tomó el esmalte naranja fluor, sólo por que es uno de esos días Sol-con-Frío del invierno. Se sentó en el patio, decidida, entre un rayito que le sonreía y su mp4 envuelto en paño lenci que hacía sonar A pocketful of Stones de Gilmour.
Y destapó ese glorioso esmalte, pintándose cada uña con un deleite grosero, pensando en el serio y correcto Raúl y en la cara de espanto que pondría cuando viera el fluor de sus uñas que gritaban a grito pelado (sí, grito tipo ágora) por una venganza de Aquellas.
Acto seguido, miró con sumisión ese texto escrito por el ser del que se vengaba, y siguió leyendo, decidida a pasar ese puto ramo con al menos una sonrisa de aprobación.
Acto 2:
Las mismas manos, aún de naranja fluor, que llevan a un niño de 5 de la mano, camino a la exposición de Egipto en Quinta Normal. La misma perversa mente vengadora, que ahora escucha con asombro a su hermano hablar de procesos de momificación, Akenathón, Horus, Osiris e Isis como si fuera cosa de cada día. Las mismas manos, al rato después, se asoman en el borde de la mochila-de-lana-anaranjada en busca de un termo burdeo, y rellenan sendas tazas amarillo sol con leche-con-café-colombiano --una nueva venganza, un acto de canibalismo, antropofagia! (This is SPARTA!!!!) --,.
Las mismas manos suben por el borde de la baranda de la biblioteca de Santiago (parecen Chirimoya Alegre) y toman una serie de libros de Egipto para el niño ya mencionado antes. Toman, de paso, una serie de tiras de la Mafalda y un poco de remordimiento de la estantería de más allá. El naranja fluor peina cabezas, y sienta a los niños-naranja-fluor en cojines, cómodos y tranquilos. Una leve sonrisa asoma en la boca-rojo-fuerte de la dueña de las uñas-naranja-fluor-que-viste-de-negro-halloween ante tanta ternura.
Acto 3:
Corre el reloj, tipo 2:39 de la mañana, y lo que ve es un gigante libro de Egipto, un Madame Bovary que espera impaciente ser leido, un antiguo historial, y las manos de anaranjado fluor vestidas que bailan por el teclado, interpretando una melodía nueva, simphonía en clacclac menor para computador. Paralelo a esto, la mente-en-azul-profundo se pregunta, una noche más, si seguir esperando a que misterioso-hombre-de-negro decida percatarse de sus no-serias-intenciones o buscar distracciones más serias. Maldita sea, adormecimiento es lo que sienten esas manos ahora. Adormecimiento circular y unas asquerosas ganas de salir a fumar.

3 comentarios:

  1. Tantos tantos colores.
    Tanto flúor
    ¿Para qué?
    Vos ya sos un arcoiris, nena

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  2. Ajaja! Me gustó.
    Yo nunca me pinto las uñas, antes me las pintaba negras como una vez al año, ahora a veces uso brillo transparente. Yo creo que es un rito super significativo pintarse las uñas. Dice muchas cosas.

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  3. Melodia en clacclac menor en el teclado xD

    Ohhh.... miles de años en que no dejaba un comentario :)
    Te adoro ♥

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