Ay, ay, las tardes de Annienes mientras escuchábamos inti Illimani. El otro día en la micro un hombre se puso a cantar Alhelí y me dió un poco de pena (un poquito). Me dio pena de pensar en el tiempo que ha pasado, de toda el agua que ha corrido bajo ese puente. Más que pena, fue una cierta melancolía de otoño, melancolía de alfombra de hojas y de caminar harto. Y pensé tambien en que valió la pena; pero es algo que ya se fue.
Cuando supe que ya se había ido (iba caminando por el Estadio Nacional) me dió un poco de risa; supe que ya habías pasado, que no tuviste esa facultad de ser un fantasma. Y sí, aún me acuerdo de tí cuando escucho Tu no te Irás de Inti Illimani, tal como quisiste. Pero es uno de esos recuerdos bonitos que se quedan ahí. Fue un buen camino, sí, pero es ya otro desvío, una nueva ruta. Hasta siempre, Namarië, Camilo. Fue un gusto, hoy anoche en la noche puedo decirte Adios con toda certeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario