Y en ese callejón cerca de la Rosacruz, leyeron las cien adivinanzas de Borges, sin saber (ay, sin saber) lo que se les venía en-cima/sima.
Juguemos, sí, juguemos, los cien juegos de Borges, las cien delirantes amanecidas, las mil perdidas
apuestas
al viento.
Y que vivan, sí, que vivan, los aburridos, los cambiantes, los caminantes y los adictos al Último Vocativo.
"A mi me bastó con amigo" que lindo
ResponderEliminar^^
Cuidate
Di amigo y entra.
ResponderEliminar