Te aprovechas, yo lo sé (y muy bien) de mi debilidad por ese rizo tuyo. Yo lo sé bien, y lo peor es que sigues ahí. No puedo evitarlo. Como una lluvia de estrellas fugaces, com el minuto mismo en que que la tierra empezó a moverse, como esa confusa sensación, estás ahí.
Y aunque prometa por Enkidú que voy a dejar de buscarte, sabes, por la misma razón por la que te aprovechas, que voy a seguir imaginadno que estás todos los días paseando por los pastos de mi tierra, como siempre, como nunca. Como la primera vez que te ví (aún sin verte) serio-riendo perdido en la polvareda de esa tarde.
Me llama la atención tanto el título de esta entrada. ¡Qué terrible castigo le espera al que sabe que hacer con los pensamientos del otro!
ResponderEliminarM. (que curiosamente es M de moderna)
y que terrible es (además del castigo) que jueguen con tus propios pensamientos....
ResponderEliminarsuerte en Moderna! aunque no creo que llegues a ver mi comentario...