Surgió en una noche nubosa, pies ligeros calzados de blanco y negro. Lo vió caminar, y decidió seguirlo, sólo por curiosidad, vestida --aún con el frío persisténte-- con una camisa delgada, y jeans. Ambos decidieron salir a caminar esa noche. En busca de respuestas, quizás. Ella, por su parte, había salido a caminar en busca del frío, en busca de sentir los aguijonazos que percutían en sus manos y luego se convertían en adormecimiento. En busca de Claridad, de una Lux Aeterna, quizás pensando que la luna adormecida iba a traérsela.
Siguió sus pasos, como una tenue sombra, dos sombras perdidas, a paso lento. A paso lento, casi inmovil, inconscientes --conscientes-- una de la otra. En-vueltas en un hábito pardo, teñido de tierra antigua, de Humus natural, traído desde quizás donde.
Llegaron a un árbol. Firme, estático, aurático como un ático, en medio de la campiña. Comenzó lento a chispear. Una lluvia suavecita, cuando Ella respiraba suavecito....
Una escalera, apoyada en el árbol. Un destello repentino de luz, un suspiro ahogado. Agujas de plata fría hundidas en su carne, como una sucesión de notas de Piannancello aguijoneando sus sentidos. Una tenue sensación en su hombro izquierdo, y toda la historia de la humanidad contenida en un pozo eterno.
Un último resplandor, una mirada al Caos absoluto, y un destello carmín perdiéndose en el viento.
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