Hoy juré olvidarte. Sacarte de mi cabeza sin vuelta atrás, no pensar más en ti. Dejar de buscarte de una manera casi compulsiva por toda la facultad, mientras mil gorriones perdidos se meten en la jaula, sin desear ser libres. Buscarte y que el tiempo se detenga, contener el aliento cada vez que creí ver ese rizo que se formaba detrás de tu oreja.
Dejar de soñarte, como anoche. Dejar de querer que el tiempo vuele, mirar las esquinas, las manos moverse. Vagar por Santiago en plena noche, mirando las estrellas (aún en mi mente, esas estrellas). Dejar los suspiros estúpidos. los comentarios fuera de contexto. Correr, correr por Lothoriën lo más lejos de ti que pueda. Dejar de pensar en Calenda Maia y en tu figura tan cerca de un ombú. Arrancarte como a un ombú, como alguna vez Antoine quiso limpiar su pequeño planeta. Exiliarte, lejos, con una música tenue de fondo, quizás la partida de Víctor una vez más te lleve lejos. Lejos, sí claro, mi mente me fuerza. Razones de fuerza mayor, lo llaman...
Al decidir esto, al formar estas pequeñas líneas (¡Oh, Marduk!) volviste, etéreo y perfecto. Una ensoñación divina. Con tu rizo y tu piano, una vez más en mi mente. Como ahora. Como ahora, mientras me pierdo, hundida una vez más en este limbo, en esta incongruencia supina.
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