Todo partió cuando Nicolás nos dijo que fueramos a verlo tocar con los Chinchintirapie,
estábamos sentados en las mesitas del ágora, almorzando empanadas (tamaña novedad) y yo pajaroneaba mirando arbolítos.
Nos dijo que lo fueramos a ver; que iba a tocar en Villa Portales, por primera vez salía a la calle con su saxo chinchintirapiensero. Y obviamente todos nos sumamos a su iniciativa; todos queríamos verlo tocar por las callecitas.
Pasaron los días, Nicolás preguntaba todos los días si ibamos a verlo.. de a poco comenzamos a perder integrantes para el panorama, hasta que en la noche sólo íbamos a ir Juan y Yo.
Llegó la mañana, agitada (y con una sensación viscosa de Deja Vù), vino el almuerzo, la hora corría. de estúpida me puse a pintar de nuevo mi escritorio-cartoné y se me pasó la hora. Corrí, corrí corrí corrí y llegué al metro, a esperar a Juan Tenorio; como la hora ya avanzaba busqué un teléfono (ahí se fue mi esperanza de devolverme).. Juan no contesta, llamo a mi saxofonista favorito y le pregunto si está por allá. No estaba, y la cosa ya iba a empezar, así que entre palabrasycariciasymiradas infinitas salí del metro y caminé por Velazquez. De noche. Sola. Sola Sola. Y Muerta de Miedo.
Llegué a la comisaría 27ª, un carabinero co cara de amable me debe haber visto cara de pánico; le pregunté por Los bellotos con las Encinas y me mandó a ver un mapa.. (la hora corría) Buena gente, los carabineros (a veces), me dijeron "noo, siga derechito, camine rápido hasta la pasarela, y doble.. viene sola???? (cara de preocupación) vayase con cuidado...."
Salí corriendo de la comisaría... media cuadra después estaba de vuelta... se me había quedado la bufanda.
Llegué a la pasarela; la calle medio oscura me mantenía en vilo; la luz se perdía entre faro y faro y el viento corría frio. Yo caminaba rápido, intentando mantener el ritmo, agradeciendole en mi fuero interno a Marduk por haberme dado tan mala memoria yno haber traído ni mp3 ni aritos; la gente pasaba y algunos entes de mala pinta miraban mi morralcito con cara de deseo. Agradecía, también que no fui con falda; podía correr. Agradecí los ocho años de coro: grito fuerte.
Le pregunté a un hombre mayor dónde estaba la gloriosa intersección... no supo responder. Seguí caminando, la cosa se ponía fea (flaites siguiendome) y las calles no tenían nombre; Pasó una anciana, cuando quise acercarme se metió a un negocio... seguí, entonces. Y ya no sabía por donde iba, menos como devolverme al metro.
Al tercer intentó, algo funcionó: parada en una esquina nn y vacía pasó un buenhombre con cara de bonachón, cuando le consulté por las encinas con los bellotos me miró con cara condescendiente y me espetó "está parada ahí, chiquilla". y se fue. Horror! La calle VACÍA y oscura, y la gran pregunta. ¿¡Y CANDELA?!
se me ocurrió la brillante idea de seguir por los Bellotos. Craso error; era un peladero, de esos en los que a veces e aparece el chupacabras. Todo mal, ya veía los grafittis de Garra Blanca y el olor a Yerba acercarse, (de paso pensaba en lo poco elegante que es salir en la Cuarta).. Cuando ví la luz. Bueno; las luces... No era casanova; pero sí fue Robin Hood. Y traía un perro. Me acerqué con cara de perdida, muerta de susto y le pregunté si sabía de algún carnaval por ahí cerca. El tipo me dijo que no; pero que había escuchado bulla, que si quería me acompañaba... Seguimos por los bellotos, y de a poco oimos música... Pero era una iglesia evangélica.
Ahí, después de tapar a chuchadas a la humanidad entera (Casanova Incluido) el niño me dijoque me devolviera, mejor. Debe haber estado aburrido, por que me acompaño largo trecho. El agua ya no caía, de hecho brillaban hasta estrellitas en Villa Portales y hacía Frio; caminamos bastante, con el Chico, y con el Charqui, que nos acompañaba. La gente lo saludaba a él y levantaba las cejas con cara picarona; yo no podía alegar nada, estaba perdida y él estaba en su derecho de reírse de mí un rato. Pero no lo hizo, era buena persona, de esas buenas de verduras. Me dijo que se llamaba David, que estudiaba técnico en enfermería y que su perro se llamaba Charquicán. Yo no le dije que estudiaba historia, pero él algo adivinó, y también supo bien que no tenía 15 como todo el mundo piensa. Era diferente, el tipo de personas que uno encuentra cuando se pierde en Villa Portales...caminamos harto rato, conversamos de muchas leseras, y casi olvidé que estaba donde estaba y que no tenía puta idea de qué me esperaba en la otra esquina; hasta me tenté de ofrecerle chocolate, pero hubiera sido un poco mucho... ahora me arrepiento, debimos haber comido chocolate.
Me dejó en la bajada del metro Estacion Central, con un chocolate intacto en el bolso, una gran gran disculpa para Nicolás y una aventura épica de aquellas. Quizás volvamos a vernos; o quizás fue cosa del destino. Quien sabe; lo que queda ahora es agradecerle a Marduk, a Él y al Charquican por darme una de esas caminatas históricas.
:)
ResponderEliminarMujers, esas cosas no pasan... hasta que te pasan, claro :D Brígido, yo quiero una experiencia religiosa como esa, entre miedo y aventura bonita (yo también grito fuerte, le debemos la vida a la Profe Elisa) La mejor parte: la iglesia, capaz que yo haya estado metida ahí :P Te quiero, pastela, menos mal que estás viva jaja <3
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