Nublado en Stgo., parcial en Wonderland, donde mis manos se congelan.... de vuelta en este viejísimo lugar, más lejano aún hoy que la condenada Macondo, de ese libro ordenado alfabéticamente en tu habitación, al lado de mi primera croquera con dibujos, (qué fue de ella? ... ah si, se quemó de una manera casi piromaniaca), mientras Cathi corre en circulos gritando obscenidades, la silueta del teatro se descuelga, como todos los últimos días parciales de mi alma, como estos que gotean rocío y chocolate, una Tv dentro de otra TV como escape, la cueva del conejo fue cerrada con candados oxidados y rociada con caramelo, atrapada de nuevo, entre espejismos que se niegan a desaparecer. Camino por el sendero de Hansel, con el calidoscopio en las manos, cudno encunetor una caja rosada, con lineas negras a los costados. Curiosa ironía, la abro y caen fragmentos de cartas, conversaciones, dibujos... y mariposas? Paradoja: necesito de alguien que me muestre los rincones de mi alma? Rio solemnemente, acompañada por... George Michael? ok, esto pierde sentido. solo falta encontrar la bala en el salón de operaciones... o recordar quien mató a la novia de ese doctorucho de cuarta.
Vueltas de tuerca, tres días despues de esa pesadilla me siento en la banquita del mall chino, uno más de los antros de perdición tontaku que pueblan Santiago, mientras saboreo una muy picante sopa de fideos de camarón (alias Ramen del terror), la lluvia se empecina en mojar santiago y limpiar el aire, un día más parcial que ese día en Wonderland, quizás algo más alegre también. La tentación me gana, y compro golosinas coreanas... no quiero ni pensar en sus ingredientes, solo sentir el sabor de la crema de algo parecido a las avellanas. Mi cabeza se va en otra mente, sentada y a punto de gritar libertad en las barandas del Huelen.... macabro, muy macabro detalle pensar en cuántas cabezas fueron colgadas en esas barandas, aparte de la mía...
Y la tan ansiada tormenta electrica nunca fue, quizás por la pasividad del cielo, que tanto llama a la libertad en las tardes de otoño. O quizás fue culpa del viento, que en su confusión de vientos mezclados, llegó a pensar que el cielo era el infierno... o al revés.
¿por qué siempre son los cuchillos más feos los que cortan mejor?
Me encantó x3
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